SUICIDIO


La palabra...     
                              La idea...
                                                       El intento...

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En el pensamiento mágico existe la prohibición de pronunciar el nombre de la divinidad y la creencia popular reclama el silencio de la palabra cuando su mención puede desencadenar eventos trágicos.
Por algún mecanismo semejante el término suicidio permaneció mudo durante varios siglos hasta cuando apareció por primera vez en 1817 en la quinta edición del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pese a que el académico de origen   mexicano Manuel de Lardizábal y Uribe, quien colaboró en su edición, lo usó libremente en 1780 en su Discurso sobre las penas, capítulo quinto. (1) El literato Moratín lo  menciona también cuando escribe en 1794 el delicioso libro  Aportaciones sueltas de Inglaterra, en donde aventura que el carácter melancólico de los ingleses es la razón por la cual  el suicidio es tan común en la isla. (2)
En el idioma francés se mencionan los clérigos Prevost y Desfontaines como los autores del término. Este último lo    define en 1737 expresando  que “el que se mata por sus propios deseos comete suicidio”.
Se considera que fue el médico y filósofo sir Thomas Browne quien le dio vida en su idioma a la palabra, en 1635,  en su obra Religio Medici. (3) A partir de la palabra inglesa suicide se traslada al español heredando su etimología latina.
En todas las culturas y en todas las épocas se han documentado casos de suicidio. Anaxagóras y Demócrito, murieron utilizando el mismo método de dejarse morir de hambre. La historia o la leyenda mencionan que a uno de los estoicos le faltó aire cuando  subía las gradas del Partenón y creyéndose viejo se suicidó ahorcándose con sus propias manos. Séneca, obligado a suicidarse, se valió de tres métodos consecutivos: inicialmente se cortó las venas, a continuación bebió  la cicuta y finalmente se asfixio en un baño público. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento se citan varios suicidios en los que se utilizan diferentes métodos como el ahorcamiento, el aplastamiento y el envenenamiento.

La Iglesia Cristiana primitiva toleró el suicidio hasta  que San Agustín (354- 430 D de C) enseñó que “es un pecado del cual es imposible el arrepentimiento, viola el sexto mandamiento y  dispone de la vida  alguien que no ha hecho nada que lo haga digno de muerte”. (4);  sin embargo, el suicidio solo fue condenado en el primer  Concilio de Braga, (561 D de C) cien años después de San Agustín. En el Siglo XIII, el Sínodo de Nimes determino negarle sepultura a los suicidas en los cementerios católicos  y enterrarlos en la confluencia de dos caminos  con una estaca clavada en el corazón para que el alma no regresara a la tierra a dañar la vida.
En el siglo XIV Dante encuentra en el séptimo círculo del infierno, trocadas en árboles gimientes de color negruzco, las almas de los violentos contra si mismos, luego de descubrir  en el limbo a Demócrito, Anaxagóras y Séneca cuyos suicidios se han mencionado. (5)

La idea suicida aparece en el niño a una edad temprana incluso antes de que se establezca el concepto de muerte, el cual teóricamente y con diferencias individuales de carácter sociológico y psicológico, se establece a cabalidad entre el sexto y séptimo cumpleaños. El concepto de muerte incluye cuatro nociones, pero no se limita a ellas: la irreversibilidad (no hay regreso de la muerte), la no funcionalidad (con la muerte cesa el funcionamiento del cuerpo), la “inevitabilidad” (le sucede a todos los seres vivos) y la causalidad.
Existe una significativa  diferencia entre la edad de comprensión de la muerte de un niño de una sociedad  pacífica y la de un niño de una sociedad violenta.
Por fortuna no hay continuidad entre la idea y el intento porque no  es infrecuente escuchar a niños de hogares armónicos expresar  sus pensamientos de muerte y en tanto más pequeño es el niño más dramático es el método imaginado para el suicidio, como el ahorcamiento, el ahogamiento y la defenestración.

La distancia entre la idea suicida y el intento se estudió  hace mas de una década  cuando dos investigadores de la Universidad “El Bosque”, el autor de este trabajo y la Doctora María Inés Sarmiento llevaron a cabo un estudio que incluyó a todos los colegios distritales de la jornada de la mañana en los grados 10 y 11 con el objetivo de averiguar acerca de las ideaciones suicidas de esos adolescentes. Se encontró que el 27.09% de los niños y el 27.56% de las niñas encuestadas habían tenido ideaciones suicidas el año anterior al estudio. (6)

El número de tentativas de suicidio es mucho menor que esos porcentajes porque se requiere que aparezcan otras variables.

La depresión y la desesperanza son variables que concurren cuando se presenta un intento de suicidio y ellas dos están en relación con experiencias de abuso sexual. El uso de alcohol y el carácter impulsivo del niño son otros dos de los factores de riesgo de la conducta suicida.

Pero igualmente existen factores que los protegen de llevar a cabo intentos de suicidio cuáles son un buen rendimiento escolar, la presencia de una red social apropiada (madre, padre, abuelos, amigos) y la inmadurez cognitiva del niño pequeño.

Del estudio mencionado se infiere que los amigos de los adolescentes tienen una importancia capital en tanto ellos, muchas veces, son las únicas personas a quienes les comentan sus planes y sus ideas de suicidio. En consecuencia y para conservarlos como canal de información, no es conveniente juzgar a los amigos de nuestros hijos   “por lo que parecen ser”, por la vestimenta que usan o por la música que escuchan.

Así revisados, debemos considerar la idea y el intento de suicidio como dos fenómenos no conectados entre sí, que pueden interrelacionarse si concurren los que denominamos factores de riesgo y en ausencia de los factores de protección. Y  es necesario acentuar que todo intento de suicidio es un evento con características únicas cuya comprensión no debe incluir la señalización culpable del entorno familiar en donde se produce.  

Sergio Casanova Díaz. MD
Profesor Asociado de Psiquiatría Infantil

Universidad “El Bosque”

Sociedad Colombiana de Medicina de Adolescencia

 1) De Lardizábal y Uribe, Manuel. Discurso sobre las penas. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002. Edición digital basada en la de Madrid, Joaquín Ibarra, 1782.

2) Moratín, Leandro Fernández de. Apuntaciones sueltas de Inglaterra. (1794). Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (Pág. 21).Edición digital a partir de Obras Póstumas. (1992)

3) Browne, Thomas. Religio Medici. 1643.  Edición digital (Pág. 32)
http://www.ccel.org/b/browne/religio_medici/religio.html

4) Best, Ernest E. Suicide: Ethical and moral Issues from a theological perspective. Can .J. Psychiatry Vol.31, March 1986. 5) Alighieri Dante. La Divina Comedia. Canto IV. Primer Círculo, Limbo y  Canto XIII, Séptimo Círculo, Violencia, Aro Segundo. Violentos contra sí mismos. Editorial Panamericana.2004.

6) Casanova Díaz, Sergio,  Sarmiento, María Inés. Ideaciones Suicidas en Adolescentes Escolares. (1993).


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